Hace un par de días la espera acabó. Los más de 15 meses que esperaron decenas de estudiantes de la Universidad Santa María (USM), núcleo oriente, terminó con la misma cantidad de fotos como días iprevios al acto grado. Durante ese día, y en las instalaciones del hotel Venetur de Lechería, Salvador Passalacqua, hoy Licenciado en Comunicación Social, fue el encargado de realizar un discurso ante alumnos de Administración, Contaduría, y por supuesto, Comunicación Social. Entre sus palabras, no solo se escucharon felicitaciones y deseos para seguir forjando un futuro de éxitos, sino también palabras de reflexión y crítica.

“La Universidad Santa María es una institución joven, muy a pesar de sus 63 años de historia. Somos una institución joven. Y lo somos no por cuestiones de edad, sino porque tenemos dolencias púberes: no sabemos lo que somos y nos es imposible asumirnos o negarnos como alguna cosa”, es parte del discurso de Passalacqua que ahora se puede leer en <Somos sobrevivientes>.

Pero la parte más ruda del texto, fue cuando citó al maestro José Ignacio Cabrujas para definir el trato que le dan los venezolanos a su país: “Este es un hotel, disfrútelo y trate de echar la menor vaina posible”, porque en un hotel “nadie pertenece (…) nadie transforma ni produce absolutamente nada. Todos están de paso en un hotel”, agregó él… Y en ese mismo momento, preguntó: ¿Estuvimos nosotros solo de paso en la universidad?

 “Ya voy saliendo”

La respuesta a su pregunta podrá tener miles de versiones. Sin embargo, una de ellas llegó a mí sin buscarla. “Buen día, Kevin. ¿Cómo está tu agenda hoy? A las 10:00 a.m. tenemos un simulacro del Modelo de las Naciones Unidos. Ojalá puedas venir”, fue el mensaje que recibí por parte de la abogada y profesora de Derecho en la USM, Dinalys Santamaría, a las 8:18 a.m. del pasado martes 1 de marzo. Una hora y 11 minutos después, le respondí: “Prof. Ya voy saliendo para allá” y desde que llegué, me sentí informal para la ocasión pero la etiqueta de “periodista” me salvó, porque a diferencia de los abogados, los periodistas casi nunca están de traje y corbata.

Las ponencias fueron variadas. Unas excelentes como las de los representantes de Francia, Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Dinamarca y Escocia, y otras con poca preparación pero que sin duda alguna no hicieron mayor ruido para arruinar el simulacro que tanto le encanta hacer a la abogada como examen final de la materia Derecho Internacional. “No todos tuvieron el mismo brillo”, dijo al final del simulacro, pero sobrevaloró ver “cines” de personas que no demostraban externamente que le gustara la actividad, siendo estas representaciones, por parte de venezolanos, una de las mejores del mundo, según el equipo de Best Delegate.

Durante el simulacro se escucharon palabras en hindi, inglés, japonés y hasta en italiano, por representantes que no dudaron ni un segundo en querer destacar ante más de 45 personas que se disputaban entre un 20 y un 10 para pasar la materia. La calidad de los discursos fueron apropiados para los estudiantes, y aunque la falta de seguridad y la repetición de preguntas para interpelar a los “presidentes” que exponían sus discursos ante la ONU, son sin duda alguna una tarea que tienen pendiente estos muchachos del ahora cuarto semestre de la USM.

Pero ustedes se preguntarán… ¿Por qué Kevin Gutiérrez liga el discurso de un estudiante en su acto de grado con una evaluación final para una materia de Derecho? Pues para responder una de las preguntas que dejó Salvador Passalacqua en el aire:

¿Estuvimos nosotros solo de paso en la universidad? De los 47 estudiantes que estuvieron presentes en el simulacro, ninguno demostró estar de paso en la universidad. En ese salón había gente caminando aunque pasaron dos horas sentados y digo caminando, porque van rumbo a la profesionalización, a la formación que tanto requiere Venezuela para que, ahora y después de las demandas que hoy se escuchan a gritos, dejen de protagonizar primeras páginas de diarios y programas de televisión.

“No podemos quedarnos sentados”

El discurso de Passalacqua me sigue gustando después de las preguntas que formuló, porque más allá de parecer un insulto a primera lectura, es una pregunta que todos debemos hacernos para saber si lo estamos haciendo bien o no. Por eso, sigo y cito parte de lo que fue su alocución: “Los que estamos aquí, tenemos que valorar la mucha o poca vida que hemos preservado. Los sobrevivientes no podemos quedarnos sentados mirando lo que quedó después de la tragedia. Tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer para que en el próximo lustro hayamos reconstruido todo cuanto perdimos”.

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